El árbol de Guernica y el desdén de Pachuca por los árboles.

“Los tejidos se han quedado sin agua, se han deshidratado y de forma irreversible, se ha secado” dicen en conferencia de prensa.

 

“Ya sabíamos que estaba enfermo, pero chico, nunca esperas…”, dice una vasca.

 

“Ha estado enfermo durante meses, y finalmente, tras 28 años, ha muerto. Tenía problemas para absorber el agua. Lo han intentado todo, desde drenajes hasta tratamientos de oxígeno, pero el roble estaba demasiado débil”, dice la reportera en su nota.

Arbol de Guernica

 

Así es, es un roble. No una persona, un roble, un árbol. ¿Cuántos árboles han formado parte de nuestra vida? ¿Cuántos árboles han sido importantes para nosotros porque nos traen el recuerdo de un columpio, o de sombra, o de una escalada hasta su copa, o de deliciosos frutos? Yo puedo recordar por lo menos varios. El árbol donde hicimos una pequeña casita mi hermana y yo, o el árbol a donde mi abuelo iba a sentarse. Ambos con un tronco enorme, tan enorme que hubiéramos cabido adentro. O el árbol de chile que mi abuelo sembró en nuestro jardín, o la higuera de la que comíamos higos cada año en temporada, o los pirules de la casa de mis abuelos maternos desde donde colgaban columpios en los que nos mecíamos entre risas o el enorme árbol en casa de mi papá que es ideal para echar chela en días de verano…

 

Guernica_-_Casa_de_Juntas,_Arbol_Viejo_2

Así los vascos y su Árbol de Guernica. Para ellos es importante porque significa libertad, porque tiene una historia detrás y porque representa un espacio público muy importante para ellos; frente a él han desfilado las más importantes ceremonias de la ciudad. Este árbol, uno de los hijos del “Árbol Hijo” fue declarado oficialmente muerto el 14 de enero de 2015.  El primer árbol de Guernica fue el Árbol Padre, plantado en el siglo XVI y que vivió 450 años. Cuando éste muere, es plantado el Árbol Viejo en 1742, que vivió hasta 1892 (sus restos se conservan en la Casa de Juntas de la ciudad). En ese momento es plantado el Árbol Hijo, que vivió hasta 2004 y que vio pasar, en sus 146 años, eventos muy importantes en la vida vasca y que sobrevivió al bombardeo de Guernica. Dicen que fue uno de los generales quien, en su afán de proteger al árbol, mandó formar un escuadrón a su alrededor. Los vascos entonces tuvieron mucho cuidado y cada año plantaron nuevos retoños descendientes del Árbol Hijo. Hoy existen varios árboles que descienden de este roble y que se han repartido en distintas diásporas vascas. Hoy los vascos, tras la muerte del hijo del Árbol Hijo, se encuentran decidiendo cuál será el nuevo roble que colocarán delante de la Casa de Juntas, el lugar donde todos los lehendakaris vascos (presidente del Gobierno Vasco) realizan su juramento:

 

Apal-apalik, Humilde
Jaungoikoaren eta gizartearen aurrean, ante Dios y la sociedad
euzko-lur gainean zutik en pie sobre la tierra vasca
eta Gernika-ko aritzaren azpian y bajo el roble de Gernika
asaben gomutaz con el recuerdo a nuestros antepasados
herri-ordezkari zareten zuen aurrean ante vosotros representantes del pueblo
nire agintea zintzo beteko dudala, zin dagit. juro cumplir fielmente mi mandato.

 

 

En México, podemos hablar de algunos árboles importantes para nuestra historia. El árbol del Tule en Oaxaca, por ejemplo (el árbol de mayor diámetro del mundo) o el Árbol de la Noche Triste, aquel ahuehuete donde Cortés llorara una derrota a manos de los aztecas.

 

Sin embargo, la importancia de los árboles no sólo radica en su simbolismo o en su historia (que para mí es una de las partes más importantes. ¿Cuántas historias pueden contar los árboles?). Tenemos que hablar también de su importancia en la ciudad; los árboles no sólo proveen de oxígeno, también de sombra. Los árboles son elementos básicos para que las personas disfrutemos de caminar las calles. Volteemos a ver, por ejemplo, nuestra Avenida Revolución. Es una de las avenidas más bellas y más queridas de los pachuqueños y tiene todo que ver con sus palmeras. ¿por qué? Porque son las palmeras las que nos protegen del sol en los días cálidos, del frío en los días de invierno y de los fuertes aires que caracterizan a la bella airosa. Es por eso que los urbanistas ponen tanta atención en que los árboles que se planten en las calles sean de las especies adecuadas para proveer sombra. ¿Ya vio los árboles de la Avenida Juárez? ¿Ya vio que son de una especie que no provee de ninguna protección?

 

Los árboles también son muy importantes para las lluvias, no sólo porque de el agua sea parte imprescindible de su desarrollo, sino también porque son elementos importantes que absorben el agua cuando hay inundaciones. ¿Ya voltearon a ver el ecocidio sobre Felipe Ángeles o sobre Colosio? ¿Ya vio como han quitado cientos de árboles y tantos metros de áreas verdes? ¿Ya vio como el camellón de Boulevard Colosio está tapizado ahora con cemento? Acuérdese de eso en la próxima temporada de lluvias cuando, como es común en los últimos años, Pachuca se inunde.

 

Y ya, el colmo del absurdo. A quién se le ocurre no poner suficientes árboles en una avenida que es históricamente peatonal? Arboles que proveerán de sombra y de protección a los andantes. Árboles que harán que la avenida se convierta en una más bella gracias a la belleza innata que emana de cualquier árbol. ¿Sabe lo barato que resulta embellecer una ciudad con la simple idea de plantar árboles? ¿Qué tiene que haber en la cabeza de alguien para tapar las raíces de un árbol con cemento? Cemento, que déjeme le cuento, impedirá que el árbol absorba agua y que, por lo tanto, lo llevarán a su muerte.  Acuérdese de eso la próxima vez que camine por la Calle de Guerrero.  30 millones y no podían invertir en árboles. Este desdén por los árboles, además, no sólo viene de las autoridades; esta semana que pasó corrió como pólvora un video que muestra una mujer y a sus hijos, propietarios de un puesto de periódicos, arrancando un árbol y rellenando el hueco con cemento. ¿La razón? El árbol “estorbaba” la visibilidad de su puesto, puesto que ocupa el espacio de los peatones. Así la importancia que le damos a los árboles…

 

¿Ya se dio cuenta que nuestros grandes parques en el Centro son viejos? Que fueron construidos hace décadas, cuando era prioridad para los gobiernos construirlos porque eran la diversión de los ciudadanos. El Parque Pasteur, el Hidalgo, el del Maestro, el de Plaza Juárez, el del Maestro, el del Charro (hoy “de la Familia”)… ¿Qué tuvo que pasar para que dejáramos de construir parques en los nuevos fraccionamientos? ¿Por qué ya a nadie le interesa construirlos? Y luego nos quejamos de que los niños ya no salen a jugar y se la pasan con tablets, consolas e internet…

 

Así las cosas en nuestra Pachuquita la Bella que cada vez es menos bella… ¿Será que puedan venir los vascos a hablar con nuestros gobernantes?


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