Ser viejo en la ciudad 

Ya van varias veces que veo a este par caminando por el Centro de Pachuca. 
Ella mas encorvada que él, él siempre sosteniéndola y cuidándola en sus pasos. Parece que se acompañan a la compra del día, como aprovechando la tarde para la caminata del diario… 
Siempre me hacen pensar en qué será de mí cuando tenga esa edad. ¿Tendré que tener a alguien que cuide mis pasos? ¿Cómo haré para caminar sola las calles de una ciudad inclemente con los peatones? ¿Necesitaré de un hijo, una pareja, un enfermero, un chofer, un alguien que cuide mis pasos por temor a caer y a sufrir una lesión que me limite el resto de mis días? ¿Cómo será mi vida como anciana? ¿Podré caminar las calles de mi barrio? ¿Podré seguir andando mi ciudad con la tranquilidad con la que lo hago a mis 28 y en mis dos piernas (haciendo corajes, sorteando obstáculos, peleándome con los gandallas de la calle, pero caminando al fin y al cabo…), ¿podré seguir descubriendo los rincones que descubro todos los días que camino cuando tenga 70 años? 
La ciudad es bella, pero ¿podré seguirla disfrutando cuando llegue al final de mis días de manera digna, segura y autónoma? 
Las respuestas a estas preguntas son algunas de las razones por las que me dedico a esto. Por la Dana viejita y por los viejitos que hemos de ser en algunos años. Porque yo y este ejemplar par, tenemos derecho a vivir nuestra ciudad de manera digna, segura, disfrutable y autónoma. 
Prometo detener a estos señores pronto para entrevistarlos. 

 


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