¿Ya hubieras llegado en bicicleta?

El viernes pasado (21 de septiembre de 2018), al caer la tarde, ciclistas se apostaron en uno de los puentes peatonales que cruzan el Viaducto Miguel Alemán (otrora Río de la Piedad). En la fotografía se ve un río de automóviles; se ve, por la luz, que el atardecer cae sobre la ciudad y que se trata de la hora pico por la carga vehicular. Sobre el puente y colocado por activistas ciclistas, yace una lona con la leyenda «en bicicleta ya hubieras llegado», mensaje que pretende confrontar al lector.

La confrontación y el conflicto para comunicar

Antes de continuar, quiero aclarar una cosa: soy una fiel creyente del poder de la confrontación y del conflicto como métodos para comunicar o cambiar algo. El conflicto, como lo establece la teoría del Conflicto Social, es muchas veces necesario para mantener ciertas relaciones.  Hay luchas cuyo éxito no se concibe sin la confrontación: las luchas por los derechos civiles y/o por los derechos de las mujeres, por ejemplo. Sin duda la confrontación ha sido necesaria. Sin embargo, en estos dos casos… ¿a quién es a quien se confronta y por qué? ¿Con qué objetivos?

En el primer caso (la lucha por los derechos civiles) es claro: se confrontó al Estado, en el entendido de que el Estado era quien debía asegurar las condiciones para que hombres y mujeres afromericanas tuvieran acceso a los mismos derechos que las personas blancas. Es una lucha que, a pesar de lo logrado, persiste. Persiste porque existen sesgos aún en muchos ámbitos de la estructura socioeconómica de EEUUA. Sin embargo, es cierto que la confrontación pacífica; la de ideas trajo cambios importantes en los derechos por la igualdad.

El segundo ejemplo es el feminismo. El feminismo es el movimiento pacífico más importante y que más ha logrado en el último siglo. No lo ha hecho siendo «amables y lindas» sino apelando al uso de mensajes que cuestionan y confrontan al statu quo. Para lograr triunfar en ciertas luchas (el derecho al voto, ser reconocidas como iguales ante la ley, etc) ha sido necesaria la confrontación pacífica y el decir las cosas tal cuál son (causando escozor en muchos hombres y en la estructura de opresión misma). A propósito, este meme.

Ahora hablemos de esta campaña del Metro de Australia, en donde el público meta no es el Estado o el Statu Quo, sino los ciudadanos. Se trata de Dumb Ways To Die, campaña creada para mejorar la seguridad vial relacionada con trenes en el país. El video se hizo viral; en dos semanas obtuvo 20 millones de vistas (para septiembre de 2018, el vídeo tiene más de 170 millones de vistas)  y traspasó el mensaje inicial a través de Internet, viralizando las imágenes a través de Tumblr, con la canción oficial en iTunes y colocándola en los rankings mundiales, con cientos de personas haciendo su propia versión de la canción…

¿En qué consistió la campaña? Una canción, mensajes y personajes coloridos, un libro para niños, un sitio web con un botón que hacía que la gente prometiera no comportarse de manera tonta cerca de los trenes, imágenes en el espacio público que fueran «instagrameables». El mensaje a transmitir fue, básicamente, decirle a los usuarios que no fueran tontos, que pusieran atención (todo ello debido a que la gente muere cada año en los sistemas de trenes australianos por cosas muy tontas como venir viendo el celular). ¿El resultado? Millones de personas apretando el botón, tomándose fotos y cantando la canción que los compromete a no ser tontos en el espacio. Es decir, el mensaje es completamente confrontativo y, si no fuera por cómo lo hicieron, sería hasta agresivo. ¿Una campaña donde le dices a la gente que no sea tonta? ¿En serio? Pero es que, justamente, el diablo está en los detalles. Después de la campaña hubo un descenso del 21% en los accidentes que involucraban trenes y, aunque no puede ser directamente atribuible a la campaña, sí sucedió después de ésta.

Un último -y maravilloso- ejemplo, la campaña del NO en Chile. Se trata la campaña realizada por una coalición de partidos de oposición para generar participación durante el Plebiscito Nacional de 1988, en donde se consultaría a la ciudadanía si Pinochet permanecía en el poder hasta 1997, campaña generada para que las personas votaran por el «no». Durante la campaña usaron el mismo «no» como slogan. Es decir, usaron una palabra que tiene una connotación negativa y que, además, surge en un contexto de miedo, de dictadura militar, de desaparecidos, de tiranía y represión. ¿Qué hicieron los creativos? Usaron el NO para sumar a la gente y también (como en la campaña del «dumb ways to die) lo hicieron a través de sonrisas, una canción , un arcoiris y la idea de libertad y de vivir mejor. En esta campaña el público meta es la ciudadanía chilena también. Usaron el NO para convencer y además lo hicieron contra la misma estructura que reprimía este tipo de libertades, enfrentándose a quien se negaba a dejar el poder , con poquísimo tiempo al aire, e incluso, enfrentándose a la censura. Con un margen de menos del 10% ganó el «no», por lo que al año siguiente se llevaron a cabo elecciones democráticas, lo que daría comienzo a la «transición a la democracia» en Chile. Aquí el video de la campaña (que tenía sólo 15 minutos cada noche para transmitirse a nivel nacional):

Si quieres saber más de esta historia, puedes ver la película NO, escrita por Pablo Larraín y protagonizada por Gael García, película que también estuvo nominada al Oscar como mejor película extranjera.

¿A quién confronta «en bici ya hubieras llegado»?

Entonces, ¿A quién confronta el mensaje de «en bici ya hubieras llegado»? ¿quién es el público meta del mensaje? El mensaje surge de activistas ciclistas, liderados por «Bicitekas AC», grupo con más de 20 años de experiencia en activismo en la Ciudad de México en movilidad ciclista y confronta a otros ciudadanos y ciudadanas moviéndose en automóvil sobre Viaducto  de norponiente a nororiente. Podemos inferir que algunos de esos viajes son de menos de 7 km, pero… ¿son todos? También sabemos que es gente que vive en Chalco, Ixtapaluca, Neza, Chimalhuacán, Iztapalapa, Iztacalco, la Delegación Venustiano Carranza y que todos los días viajan a trabajar a los polos de la Ciudad de México donde se concentran los empleos (Chapultepec-Polanco, Del Valle, Reforma, Condesa, Tlalnepantla, Vallejo). «La gente tarda en promedio 57 minutos en llegar a trabajar (60 min si vive en el edomex, y 54 si vive en la CDMX). Uno de cada tres viajes al trabajo en la ZMVM toman más de una hora. Y 7.2% de los viajes al trabajo que inician en los municipios conurbados y 3.1% de los que inician dentro de la CDMX duran más de dos horas» nos dice Onésimo Flores en este texto para Animal Político. Como consecuencia, hay personas que pueden pasar en tránsito de entre 2 a 6 horas al día, todos los días; la mayoría en transporte público y caminando y, en menor medida (y en según sus capacidades adquisitivas), en automóvil.

Mapita

La respuesta

Si vives en la Ciudad de México o has venido a la capital del país, seguro has vivido alguna vez en tu vida la hora pico en viernes. Supongamos que no te ha tocado de primera mano conocer el tráfico de una de las ciudades más grandes del mundo, pero casi todas las ciudades del mundo viven, han vivido o están cerca de vivir lo que es el tráfico porque seguimos produciendo y comprando automóviles, o sea, seguimos aumentando el número de coches en la calle, por lo que el tráfico es algo inevitable. ¿Qué se siente cuando uno está atrapado en el tráfico y trae horas detrás de estar sentado en una oficina? Estrés. Hartazgo. Molestia. Calor. Ves la fila interminable de coches enfrente tuyo y volteas por el retrovisor para ver la fila detrás; avanza la tarde y ves los focos rojos de los frenos de los coches frente a ti; una enorme línea de luces rojas que te espera y que es inescapable, estás harta de estar sentada; quieres llegar a casa, ver a tus hijas, comer, acostarte a ver la tele… Y de repente, el letrero que te dice «en bici ya hubieras llegado» y piensas, «están locos» «¿¡Qué les pasa?! ¡si vivo en la salida a Puebla!

¿Sabemos cuántos de esos conductores son jóvenes entre 20 y 30 años, con motivo de viaje trabajo, y menor de 5 kilómetros que pueden realizar el viaje en bicicleta? ¿Sabemos de dónde vienen y a dónde van? ¿Sabemos si son hombres o mujeres?

Entonces, ¿en verdad el mensaje convenció, sensibilizó o generó algo en esos automovilistas? Mi apuesta es que no, que contrario a generar un shock o una profunda reflexión para cambiar de hábitos, generó animadversión de forma inmediata, sobre todo, tomando en cuenta que, aunque no nos guste a las personas que nos dedicamos a la movilidad urbana sustentable; sí, los y las automovilistas son también víctimas de un diseño de ciudad que viene sucediendo hace casi un siglo.

El problema de fondo se soluciona… ¿interpelando a los ciudadanos?

Uno de los más grandes errores del mensaje «en bici ya hubieras llegado» viene de tachar a aquel que ni lo hace a propósito, ni sabe cómo ni por qué, del villano de la película. Es básico cuando hacemos comunicación para solucionar problemas públicos no crear villanos en otro ciudadano porque al final lo que queremos es convencerle, sumarle como aliada y sensibilizarle.

El diseño de la ciudad contemporánea es resultado directo de décadas de políticas públicas enfocadas al automóvil. No quiero extenderme en una explicación que ya muchas sabemos y que en otros posts de este blog explico. Sin embargo, si el público meta del mensaje eran los automovilistas y el mensaje tenía como objetivo hacer que se bajen del coche… ¿se logra con este mensaje? Ya dijimos que muy probablemente no, porque habría que subirlos a la lucha pero difícilmente se logra sin explicarles cómo o por qué y sin tacharlos, desde el primer momento, de los malos de la película. Más cuando ante los ojos de millones de mexicanos en nuestras ciudades no hay mas realidad que la que los ojos han visto toda la vida; ¿irme en bici? ¿cómo?

¿En verdad el problema son los ciudadanos? o ¿es un Estado omiso que lleva décadas ignorando a peatones, ciclistas, personas con discapacidad, mujeres y sus necesidades, etcétera? Me parece, entonces, que el responsable y a quién se le debe interpelar (inclusive con mensajes mucho más confrontativos que el «en bici ya hubieras llegado») es al Estado, pero es cierto que es necesario también subir a más personas a la exigencia mediante hacer del conocimiento público ese problema público que buscamos solucionar. Entonces, la pregunta permanece, ¿logramos subirlos a la bici o explicarles el problema público de la movilidad urbana diciéndoles «tú eres el malo porque no vas en bici» o «eres tonto porque podrías usar la bici y no la usas»? ¿Cómo lee el receptor ese mensaje? La respuesta es simple: con animadversión, rechazo y con un tufo de superioridad moral.

La visión de manubrio: invisibilicemos el problema real de la ciudad y, de paso, las necesidades de las mujeres, de las PCD y de las personas que no se pueden mover en bici

Dicho por los activistas en Twitter cuando la gente opone resistencia a moverse en bici y explica sus razones, la solución es «cosa de organizarse». Sin embargo, a esta propuesta le falta perspectiva de género.

Las mujeres planeamos nuestro día, todos los días, contemplando las labores de cuidado, las labores reproductivas y las labores productivas que hacemos: ir al supermercado, llevar a los niños y niñas a la escuela, recogerles, ir al trabajo, regresar, ir a la escuela, hacer pagos, realizar trámites, ir al hospital a citas médicas y un largo, larguísimo etcétera. ¿Vamos a imponer una carga extra de organización a las mujeres que se suma a la larga lista de organización que las mujeres ya tienen? ¿Es en verdad la bicicleta el vehículo adecuado para las mujeres que transportan niños y niñas, bebés, mochilas, abuelitos, tíos, personas enfermas, etc.? Es evidente que si las mujeres pueden, elegirán el automóvil para hacer esos trayectos. ¿Cómo hacemos, entonces, para darle a todas las mujeres bicicletas para cargar a varios niños y niñas?

Es evidente que toda propuesta de mejora de ciudad tiene que pensar en las mujeres y, además, ir más profundo; a abolir la división sexual del trabajo; es decir, la propuesta que hagamos para la ciudad no debe imponer mayores cargas a las mujeres (que se suman a las que ya les impone el patriarcado de cuidado y del trabajo del hogar no remunerado) sino que, además, deberán contribuir al problema de fondo que es la división sexual del trabajo. Si le exigimos a los organismos internacionales y a los gobiernos que integren a la perspectiva de género en todo lo que hacen, ¿por qué no se lo vamos a pedir a las asociaciones civiles, a la ciudadanía organizada que las integren también?  Son inadmisibles las propuestas que  no ayuden derribar las estructuras de dominación del patriarcado y que no ayudan a la construcción de una sociedad donde tanto hombres como mujeres cuidamos -por igual- a niños y niñas, a personas enfermas o mayores; y donde tanto mujeres como hombres contribuimos con las labores del trabajo del hogar.

Por otra parte, podemos inferir que muchos de los automovilistas que transitan por ahí hacen esos trayectos en coche para hacerlos más seguros y/o cómodos porque el transporte público está rebasado en la ciudad; son cada vez más las mujeres que deciden cambiar el transporte público (si cuentan con el poder adquisitivo de hacerlo) por el coche y lo hacen porque les representa una opción más segura que moverse de formas más sustentables. ¿Cómo hacemos para exigirle a las mujeres que se bajen del coche a sabiendas de que el transporte público es inseguro? ¿Cuántas de esas mujeres se sienten seguras para viajar en bicicleta? Según la Encuesta 2014 de Ecobici, el 38% de los viajes que se hacen en el sistema son hechos por mujeres. ¿Por qué no se suben a la bici? Normalmente las mujeres manifiestan que no lo hacen por miedo, por lo tanto, espor falta de infraestructura y, para subir a más mujeres a la bici, tenemos que hacer las calles más seguras.

Podemos hablar también de que para muchas personas no es opción, sobre todo si se mueven a zonas lejanas y/o sin infraestructura ciclista.

Entonces, el mensaje tiene muchísimos asegunes y, quizá, sería un mejor mensaje si estuviera ubicado en una arteria que no comunicara a la ciudad como comunica el Viaducto o si utilizara un mensaje mucho más propositivo o de valores compartidos o fuera, por lo menos, gracioso.

El high horse y el autoconsumo

¿Te gustó el mensaje? Lo más probable es que seas ciclista. ¿Sabes por qué te gustó? Porque el público eres tú, no los automovilistas. Porque ese mensaje está hecho para nosotros y nosotras, los que estamos «de este lado» y es una suerte de burla para los que no. Te gusto porque tú puedes, escoges y disfrutas moviéndote en bici, pero ¿los demás pueden moverse en bici? ¿tienen posibilidad de escoger? ¿saben que existen posibilidades? ¿se les comunica que hay posibilidades con un mensaje que los confronta de inicio?

El «en bici ya hubieras llegado» es un mensaje hecho para el autoconsumo porque si estuviera hecho para las convencer a un público específico utilizaría estrategias mucho más elaboradas y apelaría a cualquier otra cosa que no sea, ipso facto, tachar al otro de tonto o de villano (ojo; que no es necesariamente malo decirle a tu público que es tonto si lo haces de forma muy inteligente como en la campaña australiana; ¡si tan sólo lo hubieran hecho gracioso como en la canción de «Dumb Ways to Die»!)

Esta es una pregunta que debemos hacernos cuando nos dedicamos a la solución o difusión de problemas públicos… ¿mi mensaje es para mí y mis amigos y amigas? ¿O de verdad estoy interpelando y convenciendo a la gente no convencida, a los escépticos, a los necios..?

El autoconsumo nos daña porque se convierte en una burbuja de autocomplacencia donde escuchamos el mismo discurso una y otra vez y sólo entre nosotros y nosotras. Para que las cosas pasen y los cambios sucedan es necesario salir de esa burbuja.

Innovar para convencer y cambiar hábitos

Y sí, como me dijo un amigo cuando vio la lona: «seguimos copiando, pero es mejor que nada». Así es: este mensaje ha sido reproducido por lo menos una docena de veces en varias ciudades del mundo: Nicaragua, España, Perú… es más, hasta existe una página de Facebook. Y es cierto, sí es mejor que nada, es mejor saber que tenemos una ciudadanía que, aunque carente de innovación, creatividad, y estrategias de comunicación, busca hacer «algo». Pero, ¿en verdad sólo queremos eso? ¿O queremos que el activismo en movilidad en la ciudad use comunicación poderosa, innovadora y creativa?

Hay que aceptar las fortalezas del «en bici ya hubieras llegado»: la selección de la hora pico, una lona de buen tamaño, y el atardecer. Las imágenes son poderosísimas, pero insisto: lo que falló fue el mensaje (a menos, claro, que el objetivo del mensaje fuera generar identidad entre la comunidad ciclista).

Demos una pequeña repasada a las tendencias de comunicación en temas de activismo social y de comunicación en problemas públicos. En el pasado solíamos usar una técnica conocida como «mensajeo progresivo», que es la forma tradicional de hacer campañas. La fórmula es simple: comunicar cifras (en negativo sobre lo mal que está el mundo) y terminar dando un mensaje en positivo sobre lo que puedo yo ofrecer para que ese fenómeno negativo cambie. Sin embargo, en años recientes, se está utilizando una técnica más novedosa: el mensajeo de valores compartidos. ¿En qué consiste esta tendencia? En convencer al receptor a partir de encontrar los valores que compartimos y apelar a ellos para sumarle en una lucha que nos beneficiará a ambas.

Por último, cuando comunicamos es importantísimo que tengamos claro el problema y cuál es el objetivo del mensaje que quiero enviar para la resolución de ese problema. No sólo eso, sino entender desde donde estoy hablando. Es lógico, por ejemplo, que los gobiernos busquen comunicar y lanzar campañas cuyo público meta son los ciudadanos y ciudadanas, ¿pero qué pasa cuando soy una asociación civil y busco la resolución de un problema social? ¿Lo hago interpelando al Estado o a los ciudadanos y ciudadanas como yo? Si interpelo a los ciudadanos, ¿cómo lo hago? porque si lo hago culpándolo o responsabilizándolo, es porque creo que él va a resolver el problema público del que estoy hablando y en muy pocos (y me atrevería a decir que en ninguno) casos somos los ciudadanos los que tenemos la capacidad operativa y financiera, la capacitación o hasta el tiempo para resolver un problema público como es el diseño de la ciudad. Podemos ser aliados, claro está, pero el mensaje debe ser tan creativo y poderoso que quien recibe el mensaje quiera aliarse.

Llamada a la acción

Antes de que terminemos; no se piense que este post es para decir que debemos seguirnos moviendo en automóvil. Es evidente  que no es así y que la solución está en la transición a soluciones de movilidad más sustentables, menos contaminantes y más humanas (odio el repetir el rollazo que ya nos sabemos)…

Pero si eres activista y estás leyendo este texto, el mensaje es para ti. ¿Cómo hacemos para salirnos de nuestra cómoda burbuja de autoconsumo? ¿Cómo hacemos para sumar aliados? ¿Cómo enviamos mensajes poderosos que cambien hábitos y que hagan que cada vez seamos más exigiéndole a nuestros gobiernos más y mejor transporte público, infraestructura para la bici, banquetas chingonas..?

Sigamos construyendo respuestas, interpelemos a automovilistas e infractores, pero, por favor, hagámoslo de manera creativa y poderosa.

 

 

 

 

 


Una respuesta a “¿Ya hubieras llegado en bicicleta?

  1. ¿Trenes? en paso a nivel, como el ciclista que se mete entre autos, va en sentido contrario, sobre la banqueta, y que debe recorrer 20 kilómetros al menos en un solo sentido, ya ni hablar de los que deben subir de 2200 msnm a unos 2500 msnm.

    La bicicleta solo sirve en ciudades pequeñas, y en días soleados.

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