El Manifiesto de las Redstockings

«Redstockings» fue uno de los primeros grupos dentro del movimiento de liberación femenina de la década de los 60s, surge en 1969 y se le dio este nombre para representar la unión de dos tradiciones: «bluestocking» como una etiqueta despectiva para referirse a las feministas de inicio de siglo (y que significa, literalmente, «mujer intelectual» o «literata»), y «rojo» por «revolución». Desde sus inicios se concentraron en difundir los principios del feminismo radical.

A continuación, el Manifiesto Redstocking, publicado el 7 de julio de 1969 en la «Notas del Segundo Año: la liberación de las mujeres. Grandes escritos de feministas radicales» que fue, a su vez, editado por Shulamith Firestone.

Redstockins logo
Fue diseñado por Shulamith Stone en 1969. y fue el primer uso por parte de las Redstockings de la tipografía Old Englishque y que se convirtió en su logotipo. Ayudó a contestar al gran número de cartas de mujeres que empezaron a llegar a sus oficinas en aquel año.

I. Después de siglos de lucha política precedente e individual, las mujeres se unen para lograr su liberación definitiva de la supremacía masculina. Redstockings está comprometida con construir esta unidad y con ganar nuestra libertad.

II. Las mujeres somos una clase oprimida. Nuestra opresión es total, afectando cada faceta de nuestras vidas. Somos explotadas como objetos sexuales, como criadoras, como trabajadoras del hogar y como mano de obra barata. Somos consideradas seres inferiores cuyo único objetivo es mejorar la vida de los hombres. Nuestra humanidad es negada. Nuestra conducta prescrita es impuesta por la amenaza de violencia física.

Debido a que hemos vivido tan íntimamente con nuestros opresores, aisladas las unas de las otras, se nos ha impedido ver nuestro sufrimiento personal como una condición política. Esto crea la ilusión de que la relación de una mujer con su hombre se limita a una interacción entre dos entes únicos y que puede resolverse individualmente. En realidad, cada relación de este tipo es una relación de clase, y los conflictos entre un hombre y una mujer son conflictos políticos que solo se pueden resolver colectivamente.

III. Identificamos como agentes de nuestra opresión a los hombres. La supremacía masculina es la forma más antigua y más básica de dominación. Todas las demás formas de explotación y opresión (racismo, capitalismo, imperialismo, etc.) son extensiones de la supremacía masculina: los hombres dominan a las mujeres, unos pocos hombres dominan al resto. Todas las estructuras de poder a lo largo de la historia han sido dominadas por los hombres y orientadas hacia los hombres. Los hombres han controlado todas las instituciones políticas, económicas y culturales y han respaldado este control con fuerza física. Han usado su poder para mantener a las mujeres en una posición inferior. Todos los hombres reciben beneficios económicos, sexuales y psicológicos de la supremacía masculina. Todos los hombres han oprimido a las mujeres.

IV. Se ha intentado eliminar la carga de responsabilidad de los hombres al trasladarla hacia las instituciones o hacia las propias mujeres. Declaramos que esto es evasión. Las instituciones por sí solas no oprimen; son meras herramientas del opresor. Culpar a las instituciones implica que los hombres y las mujeres son victimizados al mismo nivel, y esconde el hecho de que los hombres se benefician de la subordinación de las mujeres y le da a los hombres la excusa de que están obligados a ser opresores. Por el contrario, cualquier hombre es libre de renunciar a su posición superior, siempre que esté dispuesto a ser tratado como una mujer por otros hombres.

También rechazamos la idea de que las mujeres consienten o tienen la culpa de su propia opresión. La sumisión de las mujeres no es resultado de lavado de cerebro, de estupidez o de enfermedades mentales, sino de la continua y diaria presión de los hombres. No necesitamos cambiarnos a nosotras mismas, sino cambiar a los hombres.

La evasión más difamatoria de todas es que las mujeres pueden oprimir a los hombres. La base de esta ilusión es el separar las relaciones individuales de su contexto político y la tendencia de los hombres de ver cualquier legítimo desafío a sus privilegios como persecución.

V. Consideramos nuestra experiencia personal y nuestros sentimientos acerca de ésta, como la base para el análisis de nuestra situación en común. No podemos confiar en las ideologías existentes, ya que todas son productos de la cultura de la supremacía masculina. Cuestionamos cada generalización y no aceptamos ninguna que no esté confirmada por nuestra experiencia.

Nuestra principal tarea en este momento es desarrollar la conciencia femenina de clase compartiendo experiencias y exponiendo públicamente los fundamentos sexistas de todas nuestras instituciones. El aumento de conciencia* no es «terapia», porque que implicaría la existencia de soluciones individuales y supone falsamente que la relación hombre-mujer es puramente personal, sino que es el único método mediante el cual podemos garantizar que nuestro programa de liberación se base en las realidades concretas de nuestras vidas.

El primer requisito para elevar la conciencia de clase es la honestidad, en privado y en público, con nosotras mismas y con otras mujeres.

VI. Nos identificamos con todas las mujeres. Definimos nuestro mejor interés como el de la mujer más pobre y la más brutalmente explotada.

Repudiamos todos los privilegios económicos, raciales, educativos o de estatus que nos separan de otras mujeres. Estamos decididas a reconocer y eliminar cualquier prejuicio que podamos tener contra otras mujeres.

Estamos comprometidas con lograr la democracia interna. Haremos lo que sea necesario para asegurar que cada mujer en nuestro movimiento tenga las mismas oportunidades de participar, asumir responsabilidades y desarrollar su potencial político.

VII. Hacemos un llamado a todas nuestras hermanas a unirse con nosotras en la lucha.

Hacemos un llamado a todos los hombres para que renuncien a su privilegio masculino y apoyen la liberación de las mujeres en beneficio de nuestra humanidad y la de ellos.

En la lucha por nuestra liberación, siempre estaremos del lado de las mujeres en contra de sus opresores. No preguntaremos qué es «revolucionario» o «reformista», sino sólo qué es bueno para las mujeres.

El tiempo de las escaramuzas individuales ha terminado. Esta vez llegaremos a las últimas consecuencias.


Este texto fue tomado de el sitio web de Redstockings y fue traducido por mí.

*El programa de aumento de conciencia o consciousness raising program es un programa para llevar a cabo sesiones de grupos radicales que lleven a las mujeres a entender sus resistencias a hacerse conscientes de las opresiones que vivimos y cómo discutir, platicar y entender nuestras opresiones a través de hablar de nuestras experiencias y compartirlas con otras.


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